1º Congreso Latinoamericano de Historia Económica



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1º Congreso Latinoamericano de Historia Económica

4º Jornadas Uruguayas de Historia Económica
Simposio Nº 22
Estado y desarrollo en América Latina (1934-1982)
Coordinadores
Juan Carlos Moreno-Brid (CEPAL- México) (JuanCarlos.MORENO@cepal.org)

Leonardo Lomelí (UNAM-México) (Leolomeli@hotmail.com)
Título de la ponencia: Génesis del Estado desarrollista latinoamericano: el pensamiento y la praxis política de Helio Jaguaribe (Brasil) y de Rogelio Frigerio (Argentina)
Nombre del ponencista: Profesor Horacio García Bossio

Filiación Institucional: Facultad de Ciencias Sociales y Económicas e Instituto para la Integración del Saber (IPIS), Pontificia Universidad Católica Argentina

Dirección Electrónica: hgbossio@gmail.com


  1. Introducción

El denominado desarrollismo surgió como un proyecto de política económica dentro de un sector de intelectuales y políticos, que alcanzó amplia difusión durante las décadas de 1950 y 1960. Conceptualmente el desarrollismo se presentaba lo suficientemente ecléctico como para incluir múltiples significados e interpretaciones, que iban desde una estrategia para lograr el auge económico de aquellas regiones con algunas dificultades estructurales para insertarse en el mercado mundial – pasando por una mera transferencia de tecnologías y equipamiento de las áreas centrales a las áreas marginales– hasta ser usado para describir algunas abstracciones académicas, que difícilmente se verificaban en la práctica. El notable auge económico de posguerra y la división bipolar del mundo de la Guerra Fría, introdujo la posibilidad de una transformación de las estructuras económicas de los países en “vías de desarrollo” (eufemismo “sesentista” para clasificar a algunas de las naciones del Tercer Mundo) mediante el crecimiento económico sostenido (medido en términos del PBI) a partir de la industrialización de las otrora economías primarias-exportadoras. Pero crecimiento y desarrollo no tenían el mismo significado para todos los que empleaban estos términos. Los llamados “desarrollistas” (el doctor Arturo Frondizi y Rogelio Frigerio en Argentina; Juscelino Kubitschek y Helio Jaguaribe en Brasil), afirmaban que el desarrollo implicaba que la industria pesada le aseguraría a estas naciones un lugar entre los países más poderosos del planeta. Kubitschek sostenía, en 1956, que su objetivo era “la expansión, el fomento y la instalación de las industrias que Brasil necesita para su total y verdadera liberación económica”. Frigerio, por su parte, afirmaba que “el desarrollo no es un modelo económico, sino un imperativo político de nuestros pueblos en esta etapa específica de su evolución histórica”.1 La posibilidad del take off predicado por Walt W. Rostow era atractiva en la visión de un progreso que debía ser acompañado por la modernización del Estado, en su rol de garante de ese despegue económico.

Precisamente, en cuanto a rol del Estado en ese esquema interpretativo, Franck Petiteville reflexionaba ­– en su trabajo Tres figuras míticas del Estado en la teoría del desarrollo– en torno a las características y a las trayectorias que siguieron las naciones de América del Sur a partir del decenio de 1950, las cuales, según su visión, no tardaron en desmentir los esquemas de desarrollo elaborados por los citados teóricos del despegue económico. Desde una óptica politológica, el carácter sesgado de las teorías optimistas del “salto cualitativo hacia adelante” se debió a que éstas otorgaban

al Estado el protagonismo en el proceso de modernización y de acumulación económica, ignorando la cuestión de la naturaleza específica de estos Estados por su anclaje histórico y social, por los recursos y tensiones de las minorías estatales en términos de legitimidad política y de políticas públicas, por sus estrategias de clase, etc. En resumen, en el debate económico sobre el desarrollo, la cuestión de la naturaleza del Estado fue dejada al margen desde el origen por una neutralización del comportamiento político de las minorías estatales, en beneficio de una teorización economicista, normativa, prescriptiva de la función del Estado en las "políticas de desarrollo".2

Además de su evidente impronta entre los economistas y entre los sociólogos de los países más desarrollados, que buscaban soluciones para los llamados “países periféricos”, la preocupación por el desarrollo económico armónico y socialmente inclusivo, también se presentó en el seno de la Iglesia Católica, la cual había estado bregando por el respeto a la dignidad del hombre y de los pueblos, en especial a partir de las Encíclicas Quadragesimo Anno, del Papa Pío XIl (1931), la Mater et Magistra de Juan XXIII (1961) y de la Populorum Progressio de Pablo VI(1967) (en adelante P.P.). Al aggiornamento de la Iglesia que se declaraba Madre y Maestra de humanidad, abriéndose a “todos los hombres de buena voluntad” (leyendo en clave evangélica “los signos de los tiempos”) se le sumaba la justificación en la búsqueda de las bases teóricas eclesiales frente al desafío desarrollista, debido al " carácter ético y cultural de la problemática relativa al desarrollo y, asimismo, a la legitimidad y necesidad de la intervención de la Iglesia en ese campo”.3

El objetivo de este trabajo es ofrecer una primera aproximación a la génesis de las ideas desarrollistas en Argentina y Brasil, desplegando sus posibles redes conceptuales y políticas, cruzándolas con las evidentes influencias cepalinas y eclesiásticas que conformaron el background teórico del pensamiento de Helio Jaguaribe y el de Rogelio Frigerio. Ahora bien, la definición de una red de posibles conexiones que nos permitan descubrir los nexos entre las ideas fundantes del desarrollismo latinoamericano no es una tarea intelectual sencilla. Por ello, adoptaremos, a modo de imagen sugerente, la definición que, desde la literatura, nos ofrece Julien Barnes, quien describe a una red como “un conjunto de agujeros unidos por algunos hilos”, donde cada “nudo”de esa red sirve como punto de encuentro entre ideas, sin cerrar ni agotar los probables enfoques hermenéuticos, sino que abre a nuevos estudios y nuevas interpretaciones dentro de un fenómeno complejo.

A esta ponencia la dividiré, pues, en tres Partes. En la Primera, presentaré los presupuestos cepalinos y eclesiásticos del desarrollismo. En la Segunda Parte se analizará el corpus paradigmático de Jaguaribe y de Frigerio a través de sus escritos académicos (en el caso de Frigerio por medio del semanario Qué sucedió en siete días, y para Jaguaribe por su obra Desenvolvimento Económico e Desenvolvimento Político). Finalmente, en la Conclusión, se intentará un primer esbozo de reconstrucción de las redes de pensamiento que –si bien no siempre explícitamente– animaron las experiencias desarrollistas en el Cono Sur.


2. Primera Parte

2.1. Influencia Cepalina en la construcción del desarrollismo

Si bien existe una extensa bibliografía sobre la praxis de los desarrollistas, no está suficientemente investigada la génesis de sus ideas desde una perspectiva comparada, que incluya un análisis pormenorizado de sus fundamentos teóricos, así como de la sugestiva "coincidencia" de su aparición en ámbitos tan disímiles como son América Latina (en Argentina y Brasil), África (con Kwame Nkrumah en Ghana), Estados Unidos (en el marco continental de la Alianza para el Progreso, esbozada por el Presidente John Fitzgerald Kennedy), en las Naciones Unidas, a partir de la creación en 1948 de la Comisión Económica para América Latina (CEPAL) y en la Santa Sede.



Para muchos analistas, las ideas que marcaron la génesis del ideario desarrollista –reconocidas aunque a regañadientes por Jaguaribe y por Frigerio- fueron concebidas por el economista argentino Raúl Prebisch, en primer término y por su discípulo brasileño Celso Furtado. Ambos dieron a luz una mirada heterodoxa frente a la main stream anglosajona sobre el fenómeno del crecimiento económico diferencial entre los “países centrales” y las naciones “periféricas”, gestando de ese modo el denominado estructuralismo latinoamericano4. Tanto Jaguaribe como Frigerio adhirieron, en su matriz de pensamiento, a este esquema fundacional de la CEPAL. Ahora bien, Prebisch fue más allá de la mera teoría y se adentró en el desafío siempre inquietante de la "economía real", pues como sostenía "... desde la CEPAL es la primera oportunidad que tiene América Latina de pensar sus propios problemas económicos, que no los pudo hacer hasta ahora... para poder orientar a Latinoamérica en la dirección correcta..."5

2.1.1. Principales inspiraciones que animaron los presupuestos prebischianos- cepalinos
La escuela económica llamada "estructuralismo latinoamericano", de cuya matriz se desarrolló la tesis de la "teoría de la dependencia" concibió el siguiente modelo explicativo: las empresas coloniales y el comercio internacional no habían sido útiles para el desarrollo económico sino que, al dislocar las estructuras e instituciones socio-económicas de las colonias, generaron una serie de problemas (dependencia de las exportaciones, crecimiento desequilibrado) que bloquearon las posibilidades de desarrollo. Los países del Tercer Mundo, decía Prebisch, habían caído en un estado de "dependencia" del primer mundo, convirtiéndose en productores de materias primas en una relación de "centro-periferia" con sus metrópolis. Para que estos países pudieran entrar en una senda de desarrollo sostenido –minimizando su vulnerabilidad externa– era necesario que se les permitiera un cierto proteccionismo en el comercio exterior y estrategias de sustitución de importaciones. Esta primera aproximación al desarrollo espacialmente diferenciado, en torno a un "centro" industrial y hegemónico que entabla transacciones desiguales con una periferia agrícola y subordinada, sintetizado en el binomio antagónico “centro- periferia”, nació del modelo explicativo de Prebisch, quien a su vez habría tejido redes de intercambio intelectual con la obra del alemán Werner Sombart y del rumano Mihail Manoilescu. Aparte de ellos, también habría influido el chileno-alemán Ernst Wagemann, quien acuñó los términos "ciclo céntrico" y "ciclo periférico" para describir los movimientos de capital en marcos nacionales e internacionales. Estos autores coincidieron en subrayar la superioridad económica (cabe agregar, tecnológica y cultural) de la industria respecto de la agricultura. Los países especializados en la primera exhibirán en el largo plazo un dinamismo mayor, que se traducirá, inexorablemente, en ponderable poder en las relaciones internacionales. Las naciones atascadas en las actividades primarias (agricultura, ganadería, minería) eran desfavorecidas debido a la ausencia de una cultura económica adversa al riesgo, a la competencia y a la racionalidad tecnológica. Marcharían, por consiguiente, a remolque de las otras, también en cuestiones de influencia y poder.

Otra fuente de inspiración habría sido François Perroux, profesor en el College de France. A este pensador lo ubicaremos como el punto de intersección entre las visiones económicas y sociológicas “laicas” y las explicaciones “eclesiásticas” que se presentaron como fuentes inspiradoras de las encíclicas papales que conforman la llamada la Doctrina Social de la Iglesia (en adelante DSI).


Precisamente fue Perroux quien, desde la década de 1930, sostuvo que la economía internacional se regía primordialmente por factores políticos, y, por lo tanto, las variables económicas –precios relativos, monopolios, tasas de interés, flujos financieros, transmisión o bloqueo de innovaciones tecnológicas– dependían de los primeros. Se trataba del "efecto de dominio" que, según Perroux, condicionaba las conductas de los mercados. Este economista francés influyó mucho más en Furtado que en Prebisch, y recién en los años setenta, al subrayar este último la "politización" de los precios y de las transacciones económicas, la inspiración perrousiana y su ascendiente se tornarían visibles6. Precisamente el economista brasileño Celso Furtado, admitía, en 1961, que en el capitalismo periférico
No existen etapas de desarrollo uniformes, por lo que el desarrollo “tardío” de América Latina tiene una dinámica diferente de las economías de “desarrollo temprano”, luego transformadas en el centro.7

Otras influencias habrían sido los estudios de J.H. Williams, las ideas de F.W. Taussig (1915) y de R.G. Hawtrey (1919) en temas tales como la lógica de los ciclos económicos, los ajustes en la balanza de pagos con movimientos de capital, junto a las sugerencias para analizar los mecanismos no previstos en la teoría sobre el comercio internacional (que luego Prebisch caracterizará en el denominado ciclo argentino) Cortés Conde8 agrega las influencias de Alejandro Bunge,9 quien propone al joven Prebisch (en 1922, con 21 años) como Director de Estadística de la Sociedad Rural Argentina y los análisis de Kondratieff (1946) sobre los ciclos largos de la economía (secular trend). De Bunge Prebisch recogió el lúcido diagnóstico del agotamiento del modelo primario exportador, de la excesiva especialización que deterioraba los términos del intercambio y de la necesidad de diversificar el modelo productivo.

Prebisch se maravilló con las soluciones keynesianas de la debacle financiera del capitalismo cuando leyó cuatro artículos del economista británico publicados, en 1933, en el periódico The Times. Años más tarde, tradujo a Keynes al castellano y se encaminó en una defensa apologética de sus postulados. Sin embargo, pese a su profunda admiración, Prebisch sostendría que

Al poco andar descubrimos también en América Latina que el genio de Keynes no era universal, sino que sus análisis se ceñían a los fenómenos económicos de los grandes centros y no tenían en cuenta los problemas de la periferia.10

Sin dudas, también conoció el trabajo International Economic Disintegration, de W. Röpke, economista alemán exiliado en Inglaterra durante el régimen de Hitler y uno de los más influyentes teóricos de la futura "economía social del mercado", puesta en marcha en la República Federal de Alemania después de la segunda guerra mundial. Se destacó por una visión amplia del nacionalismo económico, al incluir en su análisis los factores extraeconómicos, tanto objetivos como subjetivos, así como una percepción histórica del problema. Esa historicidad de la problemáticas económicas, Prebisch la sostenía para defender sus posiciones heterodoxas que criticaban el análisis “ahistórico” de los modelos atemporales de los neoclásicos, provenientes de la corriente principal anglosajona, que no consideraban los principios prebischianos como parte de la teoría económica. En palabras del tucumano lo explicaba diciendo “... estoy seguro que en Harvard no nos toman en serio somos economistas de segunda categoría o hasta de tercera; somos economistas subdesarrollados (sic)...”11

Como parte de sus preocupaciones sobre la lógica de la dinámica del desarrollo latinoamericano, Prebisch no dejó de lado ninguna de las corrientes ideológicas que circulaban en el ámbito académico y en el de los centros de decisiones en materia de política económica. Así es como, al describir las crisis estructurales del capitalismo periférico y sus estrategias del desarrollo, recoge influencias tan disímiles como las de Gunnar Myrdal (Teoría económica y regiones subdesarrolladas); Albert Hirschman (La estrategia del desarrollo económico); William Lewis (Teoría del desarrollo económico); Ragnar Nurkse (Problemas de formación de capital en los países insuficientemente desarrollados); Walt W. Rostow (Las etapas del crecimiento económico); Joseph Schumpeter (Teoría del desenvolvimiento económico); Albert Waterston (Planificación del desarrollo) y por supuesto Celso Furtado (Dialéctica del desarrollo). Por ultimo, el propio Prebisch reconoció que su teoría del deterioro de los términos del intercambio, clave para sus postulados del estructuralismo y del carácter dependiente de las economías latinoamericanas, lo extrajo leyendo el informe de Hans Singer Post War price relations between under- development and industrialized countries, publicado luego por la ONU en 1949 con el título de Relative prices of exports and imports of under- developed countries. La síntesis Prebisch- Singer fue el la base conceptual que iluminó el Manifiesto del ´49, punto de partida del modelo analítico cepalino, pues luego de la publicación del nombrado Documento ninguna teórica podía seguir sosteniendo, para los países del sub- continente, que era aceptable la vieja doctrina clásica ricardiana de las ventajas comparativas.12

2.1.2. Categorías analíticas del “universo prebischiano”

Para finalizar este apartado, se expondrán las categorías analíticas que configuraron un verdadero “universo prebischiano”. Si la bien la descripción de las mismas es pormenorizada, esto se debe a que tanto en las obras fundacionales de Frigerio (Las condiciones de la victoria, de 1963 y Estatuto del subdesarrollo de 1967) como en las de Jaguaribe (O nacionalismo na Atualidade Brasileira, de 1958 y el citado Desenvolvimento Econômico e Desenvolvimento Político, de 1962) se descubren claramente dichas categorías emanadas de la impronta cepalina. Una breve enumeración de sus postulados se presentaría de la siguiente manera: 13



a) La dicotomía centro- periferia: este modelo conceptual nació en el marco de las reflexiones prebischianas (luego del impacto de la crisis del ´30) sobre la imposibilidad de universalización de las teorías sobre el desarrollo que, desde los países industrializados, pretendían explicar toda la dinámica de la economía mundial. Prebisch insistió, entonces, que los fenómenos que ocurrían en los países que él denominó del centro conformaban un todo dinámico que trasmitía sus impulsos a la periferia. Impulsos de expansión cíclica, seguidos periódicamente de movimientos de contracción. Mientras que los centros desplegaban un papel activo en los movimientos cíclicos de la economía, la periferia se replegaba a un papel pasivo, gestando, a su vez, la reacción periférica que, en la fase descendente del ciclo, contribuía a la recuperación de la actividad económica del centro, impulsando nuevamente el crecimiento de la economía. Permanentemente Prebisch remarcaba que “…el capitalismo periférico es parte de este sistema mundial, proviene su propia especificidad (…) de allí que ese afán nuestro de engullir teorías desde los centros es otra de las manifestaciones de nuestro capitalismo imitativo y de nuestro afán por desarrollarnos a imagen y semejanza de aquellos…así se toman esas teorías sin reflexionar en las grandes diferencias de estructura social entre los centros y los países periféricos(…) se propagan las técnicas, los modos de consumo y otras formas culturales, las instituciones, las ideas y las ideologías…”14. Por último describía la relación centros- periferias, como la manifestación del diagnóstico del llamado estructuralismo latinoamericano, en torno a un enfoque hermenéutico esquematizado de la siguiente manera: a) el desarrollo periférico es parte integrante del sistema capitalista pero se desenvuelve en condiciones muy diferente a la de los centros; b) la dinámica de los centros, si bien tiene mucha influencia en desarrollo periférico, es de alcance limitado debido a la índole centrípeta del capitalismo; c) esa dinámica solamente impulsa al desarrollo periférico si y sólo si responde al interés de los grupos dominantes del centro; d) el carácter centrípeto capitalista se impone en las relaciones centros- periferias debido a que en los primeros se origina el progreso técnico y se concentra la productividad del trabajo, la industrialización y las innovaciones tecnológicas que diversifican aún más la producción de bienes y servicios; e) por lo tanto, en el curso espontáneo del desarrollo, la periferia tiende a quedar al margen de ese proceso de modernización en la evolución histórica del capitalismo y f) más que un designio de exclusión, este fenómeno es la consecuencia del juego de leyes del mercado en el plano internacional. 15

b) Deterioro de los términos del intercambio o deterioro secular de los precios de intercambio: esta fue la tesis original del planteo de la CEPAL, que fue objeto de múltiples críticas por considerarla un planteo simplista del “modelo económico latinoamericano”. La tendencia al deterioro de la relación de precios se debía fundamentalmente, en el esquema prebischiano, a que la insuficiente acumulación de capital, por un lado, y el excepcional crecimiento demográfico, por otro, impedían absorber con gran intensidad la fuerza de trabajo de mayor productividad. La experiencia periférica demostraba, según Prebisch, que esa incapacidad de acumulación y el crecimiento poblacional que dejaba grandes masas sin absorber, llevaba a que los precios primarios no se elevaban y se mantendría la misma relación de precios (deteriorada) que era la que existía al inicio del proceso de industrialización. El economista tucumano proponía, entre otras medidas para contrarrestar dicho deterioro, la limitación de la tierra accesible y la sustitución de importaciones mediante la protección o el estímulo a las exportaciones gracias al subsidio.

c) El desarrollo endógeno de tecnología: para Prebisch el sistema económico internacional funcionaba en un desequilibrio permanente (desafiando la teoría neoclásica del equilibrio general), porque el comportamiento del ciclo económico es diferente para las economías industriales en comparación con las economías primarias. Reconoce dos asimetrías: una “exógena” entre el centro desarrollado y la periferia y la otra, “endógena” o intrasistema de la lógica productiva de los países de América Latina. La primera tiene como variables: las tecnologías “producidas” en el centro, con productos de alta elasticidad- ingreso y los patrones de desarrollo, que presentan una enorme heterogeneidad estructural, de allí que algunos trabajadores son absorbidos por sectores de alta productividad, mientras que la mayoría de baja productividad (en los países, y dentro de éstos, en las ramas productivas “atrasadas”) reciben una peor distribución del ingreso, provocándose una alta desigualdad y fragmentación social. De allí que la heterogeneidad estructural es la primera característica de las economías periféricas: la existencia de actividades y/o ramas de la producción en las cuales la productividad media del trabajo es normal, o si se quiere relativamente similar a la que prevalece en los grandes centros industriales. Y la presencia simultánea de actividades tecnológicamente rezagadas, en las cuales los niveles de productividad son muy reducidos. De esos dos tipos de actividades, las mencionadas en primer término generan el empleo, y las segundas albergan el subempleo. Esa coexistencia de empleo y subempleo constituye una expresión directamente visible de la heterogeneidad estructural. Otro rasgo es la especialización productiva, que en sus orígenes, la periferia se ligó al largo período en que su crecimiento dependió de la exportación de alimentos y materias primas. Más tarde, cuando la industria pasa a ser espontáneamente la fuente principal de dinamismo, la especialización primario-exportadora inicial condiciona el nuevo patrón de desarrollo. Otros aspectos de la especialización son: a) la dificultad de exportar manufacturas y de lograr por esa vía alzas sucesivas del valor de las exportaciones globales. b) acumulación de importaciones inducida por la escasa complementariedad de la producción interna y/o de importaciones de bienes situados “más atrás” en la cadena productiva e inducida por su escasa integración vertical. La consecuencia de a) y b) es el déficit de la balanza comercial de la periferia. Finalmente, Prebisch presenta el problema del desarrollo desigual, que tiene relación en primer lugar, con lo descripto en 1) y 2. La periferia se destaca por estructuras que son heterogéneas y especializadas. Mientras que los grandes centros industriales presentan sus economías con altos grados de homogeneidad y diversificación.

A estos se le sumaban: d) la planificación económica, e) el peso relativo de la industrialización, f) la vulnerabilidad del sector externo en las economías primario- exportadoras, g) la integración regional, h) el modelo de industrialización por sustitución de importaciones, i) la diferencia de los ingresos medios entre el centro y la periferia



2.2. Antecedentes académicos “eclesiásticos” del desarrollismo

Como se señaló en el apartado anterior, Perroux se encontraría en el horizonte tanto de las explicaciones “laicas” como “eclesiásticas” del desarrollo, siempre entendiendo a éste como un concepto más amplio, complejo y dinámico que el mero crecimiento económico y el que, casi constitutivamente, demandaría para su cabal comprensión una dimensión multi e interdisciplinaria. A la pregunta "¿Qué es el desarrollo?” formulada como parte de una lección inaugural de la enseñanza dada a los "Stagiaires du Secretariat d’Etat", encargado de las relaciones con los Estados de la Comunidad, el 22 noviembre de 1960,16 Perroux, contestaba afirmando que:



El desarrollo es la combinación de cambios mentales y sociales de una población, que la vuelven apta para hacer crecer, acumulativa y durablemente, su producto real global. Las mismas sociedades occidentales, y sus partes constituyentes, son, a ese respecto, desiguales, en cuanto a los niveles alcanzados y en cuanto a los resortes del desarrollo. Las sociedades cuyas economías son consideradas "subdesarrolladas" por las publicaciones oficiales de las organizaciones internacionales, representan un caso extremo. Cualquiera sea el sistema económico –mercado, plan, o combinación de los dos– el crecimiento acumulativo y durable del producto real global se ve impedido en ellos por numerosas características mentales y sociales de las poblaciones.

Perroux continuaba diciendo que:



Las economías analizadas no proporcionan a todos los miembros de las poblaciones autóctonas el mínimum vital avalado por la ciencia. En términos un poco más técnicos: los costos de un ordenamiento realmente humano de la vida para todos; los costos del hombre; los costos que le procuran a cada uno la esperanza de vida, la salud, el acceso al conocimiento, compatible con las condiciones concretas del lugar y de la época no son cubiertos. Los recursos en hombres, no son empleados, aún cuando no se constate un desempleo aparente o un subempleo manifiesto; las contabilidades privadas, públicas y sociales están, por esto, radicalmente falseadas, y los resultados económicos que exhiben, son aparentes.

Y su visión humanista del desarrollo, en consonancia con la DSI la presentaba explícitamente al afirmar que:



Cada vez que yo lo he intentado, he encontrado que la construcción (o la destrucción) del hombre por el hombre es lo esencial; incluso para la economía entendida estrechamente como la del capitalismo y la de mercado. El capitalismo necesita trabajadores, "padres", dirigentes de empresa, funcionarios, administradores, técnicos. También los necesita una economía que prefiera no ser solamente capitalista ni mercantilista; pero no son los mismos. Los modelos del capitalismo y de la planificación suponen adquirida y se equivocan- la construcción (o la "producción") permanente del hombre, por el hombre, que es el todo del desarrollo.

Quizás el más importante protagonista del entorno vaticano que inspiró tanto al Papa Juan XXIII como al Papa Pablo VI en sus planteos sobre el desarrollo haya sido el Fraile dominico Louis Joseph Lebret. Éste fue director de investigaciones del "Centre National de la Recherche Scientifique", doctor honoris causa de la Universidad de San Pablo (Brasil) y consejero económico de los gobiernos del Senegal y del Líbano. Junto a François Perroux encabezaron un movimiento que pretendía implementar una serie de formulaciones conceptuales y de prácticas concretas para alcanzar un “desarrollo integral y armonioso”. Ambos se adelantaron en sus planteos económico-sociales (esbozados a principios de la década de 1930 y 1940) a la visión cepalina del estructuralismo latinoamericano del nombrado “Manifiesto” de 1949.

En 1941 el Padre Lebret fundó un Centro en Marsella que se llamó Economía y Humanismo (que editó durante años una revista con el mismo título. El objetivo del Centro era buscar respuestas a los complejos problemas sociales, organizando equipos de investigadores y de trabajadores sociales que estuvieran comprometidos en la tarea de construir una “economía al servicio del hombre”. En 1947 fue invitado al Brasil por la Universidad de Sociología y Política de San Pablo para dar una serie de charlas introductorias sobre la "economía humana". Viajó por este país y por otras partes de América Latina viendo la extrema pobreza de la mayoría de la gente. Su reacción fue utilizar el mismo método sociológico aplicado anteriormente en otras latitudes: observación, análisis de los datos, investigación de las causas, asesoramiento de las necesidades, haciendo programas y proyectos, entrenando a personas comprometidas y calificadas para la movilización de los lugares de poder de decisión. En este punto el nexo con un joven abogado, egresado de la Pontificia Universidad Católica de Río de Janeiro llamado Hélio Jaguaribe de Matos fue fundacional. La influencia que el padre Lebret tuvo entre los jóvenes universitarios brasileños fue tan decisiva que Jaguaribe junto a un grupo de intelectuales paulistas y cariocas, reunidos en el Parque Nacional de Itatiaia (en Río) se nuclearon al modo de un verdadero think tank para estudiar los problemas de desarrollo de la sociedad brasileña. El “grupo carioca” de Itatiaia fundó, en 1953, el Instituto Brasilero de Economía, Sociología y Política (Ibesp), siendo Jaguaribe su secretario general. A la manera de Economía y Humanismo, el Ibesp publicó la revista Cadernos de Nosso Tempo (entre 1953/1956) como ensayos sobre las cuestiones económicas y sociales problemáticas en el Brasil. Ese Ibesp se transformó en Iseb (Instituto Superior de Estudios Brasileros) a partir de 1955, sentando las bases ideológicas de las que se dio a llamar el nacional- desenvolvimentismo.

En sintonía con los iniciativas de Jaguaribe y en la búsqueda de una ética del desarrollo de alcance general frente a los graves desafíos universales, el Padre Lebret creó, en marzo de 1958, el IRFED (Institut International de Recherche, de Formation, Education et Développement), que nació de la urgencia de preparar técnicos en cuestiones sociales. Su preocupación por resolver los grandes problemas que menoscababan la dignidad de los más débiles lo llevó a pensar que la solución a los mismos estaba en concebir una "economía humana", es decir, una economía al servicio de la humanidad. Economía que no impediría el desarrollo humano sino que lo favorecería. El P. Lebret lo explicaba claramente en el Prólogo de su obra Dinámica concreta del desarrollo (1960)



No es difícil construir un modelo teórico partiendo de cierto número de agregados y de hipótesis, pero sería necesario obtener un modelo efectivamente aplicable a pesar de la extrema diversidad de estructura de los países subdesarrollados y a pesar de la insuficiencia de los datos estadísticos válidos que en ellos se puede disponer. Sólo me pareció posible una dinámica empírica del desarrollo que, no obstante, podía implicar cierto número de teorías parciales.17

La base de su concepción era que una estructura socio-económica que ofreciera a los hombres y mujeres una vida totalmente humana, en poco tiempo y por menos costo, considerando la red de conexión entre el desarrollo de todos los pueblos, se transformaría en una economía basada en las necesidades genuinas de todos, más que en las ganancias y excesivas ventajas para algunos. Convencido de que el verdadero desarrollo se basaba en el protagonismo del mismo pueblo, sobre sus propias vidas, también entendió que todo el progreso se puede trabar con el mismo mecanismo del intercambio internacional. Al darse cuenta de esto, comenzó a trabajar con dos grandes instituciones que para él eran capaces de realizar cambios en el mundo, la Organización de las Naciones Unidas (O.N.U.) y la Iglesia.

En el caso brasileño, los trabajos del padre Lebret fueron fundacionales de una sugestiva “sociología del desarrollo humano”. En su relato sobre sus presupuestos teóricos y sobre su sostén metodológico, Lebret explicaba que

Nuestra segunda gran encuesta urbana nos la solicitó en 1956 el doctor Wladimir Piza, gobernador de la ciudad de Sao Paulo. El crecimiento ultra rápido de la aglomeración planteaba, en efecto, múltiples problemas que exigían un estudio de conjunto muy a fondos. El análisis de las estructuras económicas y urbanas debía permitir a las autoridades municipales de esta gran metrópoli industrial orientar su crecimiento, pero, más que la aglomeración paulista, se consideraba el “greater y el greatest Sao Paulo” en la perspectiva general del desarrollo nacional. Esta encuesta fue para nosotros como la clave de bóveda de los estudios sobre desarrollo y organización ya efectuados sobre cuatro estados del sur del Brasil v la ocasión de estudiar un gran fenómeno de polarización que en realidad ejercía su influencia sobre el Brasil entero. También nos dio ocasión de observar de cerca la naturaleza v las consecuencias de numerosas «innovaciones». así como la atracción de capitales procedentes de países aún más desarrollados, por una zona industrial ya dotada de importantes infraestructuras e industrias de base que comprendía un extenso repertorio de industrias de transformación que poseía la casi totalidad de los servicios; usuales en un país desarrollado y que disponía de una gama completa de escuelas superiores y técnicas. A la vez se comprobó la validez del método para el estudio de un centro urbano muy grande y en expansión ultra rápida. También pudimos, en este caso particular, comprobar la validez de la teoría explicativa de la economía progresiva cuyas grandes perspectivas señalaba ya François Perroux.18

Por último, cabe señalar que Lebret colaboró también con las Conferencias Episcopales de América Latina, África, y Vietnam. Gozó de la confianza de Juan XXIII, quien visitó su Centro de "Economía y Humanismo" cuando era Monseñor Roncalli. Se pueden encontrar sus ideas sobre el desarrollo en la Encíclica Mater et Magistra. Asimismo Lebret participó activamente en la redacción del documento del Concilio Vaticano II Gaudium et Spes, aunque su mirada en torno a la “preocupación social” de la Iglesia se ve más claramente en la P.P. Cuando finalmente se publica la Encíclica en 1967, informaron públicamente que Louis J. Lebret fue uno de sus mayores promotores y el mismo Papa presentó la Encíclica como tributo a su memoria (ya que Lebret falleció en 1966. Fue célebre su frase que luego quedaría plasmada en la P.P.”:La economía humana busca el desarrollo de todo el Hombre, de todos los hombres”. 19

El otro teórico “eclesial” fue Jacques Maritain. Su obra Humanismo Integral, de 1936, tuvo gran influencia en los círculos del pensamiento social cristiano, de raíces democráticas. Su impronta intelectual desde la escuela de Lovaina lo condujo a recrear la tradición aristotélico-tomista, para reinterpretar a través de ese neoescolasticismo los problemas acuciantes del mundo de posguerra. Su cargo como embajador de Francia ante el Vaticano (entre 1947/1948) y su opción religiosa dentro de la fraternidad de los Hermanitos de Jesús le valió la simpatía del Papa Pablo VI quien lo reconoció como un filósofo de alta estima dentro del humanismo cristiano. La impronta de Maritain en las teorías del desarrollo dentro de una concepción cristiana del hombre y de la vida (Weltanschauung) se centró en su idea del “hombre integral”. Su teoría humanista pretendía rescatar las múltiples dimensiones de la persona para evitar los reduccionismos, tanto de quienes concebían al hombre como un ente económico como de aquellos que sólo reconocían la dimensión espiritual. Maritain afirmaba que dichos reduccionismos –al ocuparse de una sola faceta humana– terminaban por volverse contra el mismo hombre. Para este pensador debía considerarse un nuevo concepto de “cultura” o “civilización” en la cual quedara consignada toda la riqueza de “lo humano”, apelando a su diversidad y al logro de un “verdadero desarrollo”, que no lo alienara, sino que le permitiese el pleno (y libre) desenvolvimiento de sus capacidades económicas (“especulativas”, según Maritain), como así también las artísticas (“creativas”) y las religiosas (trascendentes. En Humanismo Integral Maritain insistía en que la construcción pluralista y comunitaria de un “humanismo pleno” se lograría a partir de la ayuda mutua entre los pueblos (conforme a un sentimiento de fraternidad universal) en camino hacia un fin último trascendente. S.S. Pablo VI, en P.P., rescatando el pensamiento de Maritain, insistía que:

Es un humanismo pleno el que hay que promover. ¿Qué quiere decir esto sino el desarrollo integral de todo hombre y de todos los hombres? Un humanismo cerrado, impenetrable a los valores del espíritu y a Dios, que es la fuente de ellos, podría aparentemente triunfar. Ciertamente el hombre puede organizar la tierra sin Dios, pero “al fin y al cabo, sin Dios no puede menos de organizarla contra el hombre. El humanismo exclusivo es un humanismo inhumano”.20

Finalmente, para alcanzar la “auténtica civilización de personas”, propuesta por Maritain, debería lograrse un consenso entre las esferas económicas y jurídicas, sin el cual era imposible consolidar un humanismo pleno. En el plano económico, Maritain planteaba un sistema en el cual las estructuras productivas estuvieran impregnadas de un espíritu conforme a la concepción “comunitaria- personalista” de la vida social. En cuanto al plano jurídico, sostenía que las leyes debían reconocer y permitir –dentro del principio de la tolerancia– el pleno ejercicio de los derechos espirituales de todos los hombres, para que éstos busquen los caminos que los lleven hacia Dios. Esta propuesta de que “lo humano” tiene implícita una dimensión “más que humana” se expresaba en la siguiente reflexión de Maritain



La sociedad política está destinada esencialmente a desarrollar aquellas condiciones que llevan a la multitud a un grado de vida material, intelectual y moral conveniente para el bien y para la paz del todo, de suerte que cada persona se encuentre positivamente en la conquista progresiva de su plena vida de persona y de su libertad espiritual. 21

3. Segunda Parte

3.1. El corpus paradigmático Rogelio Frigerio y de Hélio Jaguaribe

3.1.1. Rogelio Frigerio

Son escasos los estudios académicos sobre la figura de Rogelio Frigerio, el “alter ego” del Presidente Arturo Frondizi (1958-1962), como su asesor o “ángel negro” (según las contrapuestas opiniones sobre el mismo), quien sería, sin embargo, el verdadero ideólogo del desarrollismo argentino y cuyo pensamiento presenta una compleja base conceptual, que oscila desde las ideas hegelianas- marxistas clásicas reflejadas en un evidente discurso economicista y determinista, pasando por la influencia de Raúl Prebisch, los postulados nacionalistas del peronismo (el desarrollismo vendría a completar, según una clásica frase de Frigerio, "el Tercer Plan Quinquenal que Perón no pudo realizar") hasta la influencia de Helio Jaguaribe y el desenvolvimentismo brasileño. Excepto por algunos reportajes22 y por los propios textos de Frigerio aparecidos durante y después de la experiencia gubernamental23, no se encuentran estudios académicos sobre este verdadero policy maker del desarrollismo nacional. Algunas hipótesis tentativas sobre el corpus paradigmático frigerista –que ven una influencia de izquierda en el origen desarrollista– hablan de la impronta de Raúl Haya de la Torre y del aprismo peruano, en una síntesis stalinista que no desdeña al capital multinacional sino que alienta su concentración espacial, para luego ser revolucionariamente eliminado24. Otros se refieren a una influencia gramsciana, que busca definir el concepto de hegemonía (lo que el desarrollismo llama integración de los principales actores sociales: FFAA, empresariado, sindicatos, etc.) en el planteo de Frigerio y su "marxismo nacional"25. Lo cierto es que Frigerio, diseñó una usina intelectual (a la manera del Iseb de Jaguaribe) desprendida de un grupo de estudiosos (los "frigeristas" del CEN, Centro de Estudios Nacionales, de la avenida Luis María Campos), consolidado a modo intelligenzia dentro del un muy cuestionado entorno presidencial. Desde la Revista Qué (sucedió en siete días) diseñó un poderoso medio gráfico (con una tirada de cerca de 200.000 ejemplares en la década del ´50), formador de opinión, que lo catapultó como importante referente dentro de un proyecto nacional de desarrollo.



3.1.2. El pensamiento de Frigerio desde su mirada en Qué
El semanario Qué (sucedió en siete días) pretendió -y lo logró en gran medida- consolidar un proyecto político y de desarrollo estratégico desde su aparición el 8 de agosto de 1946. Imbuido de un halo profesional para tratar las informaciones más importantes de la semana en el ámbito nacional e internacional, tuvo como objetivo periodístico convocar a diversos columnistas que, según su visión, proponían informar con precisión, profundidad y objetividad, en un alarde de periodismo “moderno”. 26Los Editoriales del semanario, presentados como Carta a los Lectores y firmados sencillamente por El Director, constituían una singular práctica de “pedagogía” periodística, donde se los instruía (mediante dibujos) en el estilo de periodismo que la revista pretendía encarnar, comparándolo con otras publicaciones que circulaban en el medio gráfico y rescatando que la objetividad en el tratamiento de los temas sólo era posible con la conformación de una staff de profesionales eficientes. La apelación a la objetividad era un argumento clave en una publicación nacida junto al movimiento peronista y que pretendió quedar afuera del monopolio estatal de la opinión, apelando a una estrategia de inserción periférica al concepto de “comunidad organizada” de la sociedad y de la política ideado por el General Perón. Este papel de outsider sólo lo pudo jugar hasta el año 1951, cuando el régimen se hizo más duro para con un pensamiento independiente.

La segunda etapa de Qué es más interesante que la primera desde el punto de vista de la consolidación de un medio de opinión política. Cuando Rogelio Frigerio se hizo cargo de la dirección del semanario, en 1956, pretendió transformar a Qué no sólo en el medio de campaña proselitista para que el pujante intelectual del radicalismo renovador Arturo Frondizi (desandando toda la prédica de independencia y amplitud ideológica de Qué de su etapa fundacional), sino que cuando Frondizi fue finalmente Presidente, trató de difundir, con esa misma pretendida objetividad, la lógica del programa desarrollista. La retórica de Frigerio llegó a las más ambiguas elucubraciones, al intentar hacer inteligible a los lectores y políticamente digerible a los nacionalistas su dialéctica de un nacionalismo de fines acompañado por un nacionalismo de medios (expresión clásica de Jaguaribe), cuando Frondizi apeló al capital multinacional para alcanzar su modelo de integración y desarrollo. Gran parte del primer público de Qué, acostumbrado a las diatribas del nacionalismo clásico que se describían en la Columna de Scalabrini Ortiz, se sintió ofendido y traicionado (y así lo manifestaba en las Cartas de Lectores) no sólo por el viraje al pragmatismo del frondicismo, sino por el cambio en la línea periodística predicada y enseñada pacientemente por Qué a sus lectores desde 1946. La idea de Frigerio (quien al asumir como asesor de Frondizi en 1958 le cedió el sitial de Director de Qué a un Ucrista del CEN, el nacionalista católico Mariano Montemayor) soñaba con hacer del CEN (como centro de reflexión) y de Qué (como ámbito de difusión masiva) un reducto de think tank similar a la prestigiosa London School of Economy27. Dicha usina frigerista (el CEN) se conformaría con 150 especialistas (muchos de los cuales serían columnistas claves de Qué) entre sociólogos, economistas, estadísticos, juristas y escritores, quienes - según Szusterman- se organizaban en 30 comités (sic), con el objeto de clasificar, sistematizar y elaborar toda la información técnica posible sobre los problemas estructurales del País, para lo cual se hacía referencia constante a la competencia técnica y a la “modernidad” del laboratorio de cerebros28 . Ese grupo de privilegiados y fieles seguidores de la figura de autoridad intelectual de Frigerio- más que del carisma político tradicional de Frondizi- estuvo integrado por Blanca Stábile, Narciso Machinandiarena, Arturo Sábato, Marcos Merchensky, el citado Montemayor, Carlos Florit (a posteriori Ministro de Relaciones Exteriores y Culto de la Nación con Frondizi), Arnaldo Musich, y otros.

La sección denominada La columna de Scalabrini Ortiz fue, en la reapertura de 1956, el espacio político más propicio para que el tandem Frondizi- Frigerio pudiera convencer a los peronistas que, sin Perón, la alternativa “de integración y desarrollo nacional” de la UCRI era el camino políticamente más potable. Su feroz crítica a la Revolución Libertadora y a sus “personeros” (como la UCRP, ciertos economistas como Raúl Prebisch y sus planes de Estabilización y “entrega”) intentaron sintetizar el viejo discurso antiimperialista del peronismo con la idea de un desarrollismo nacional. La contradicción de Frigerio sobre la figura de Prebisch es evidente: lo critica por su asesoramiento a la Libertadora aunque sus postulados económicos son indiscutiblemente cepalinos. Por último, si realizamos una rápida síntesis del ideario desarrollista siguiendo los artículos de Qué, se pueden distinguir los siguientes temas: a) La campaña sistemática a favor de Frondizi, desde el primer número de 1956; b) El acercamiento con las banderas del peronismo proscrito; c) Del nacionalismo clásico a la entelequia del “nacionalismo de fines”; d) La necesaria vinculación con la Iglesia, no sólo por el debate educativo universitario sino porque los postulados desarrollistas están en consonancia con la DSI.

3.2. Hélio Jaguaribe de Mattos
La publicación de O nacionalismo na Atualidade Brasileira, en 1958 desencadenó una crisis interna dentro del Iseb, que se jactaba de haber engendrado una ideología brasileña original, denominada nacional- desenvolvimentismo. Jaguaribe criticó el nacionalismo chauvinista del Iseb, que veía en la participación de los capitales extranjeros una amenaza para el desarrollo económico del Brasil. De allí que distinguió entre el “nacionalismo de fines y el nacionalismo de medios”, para separarse de esas posturas cristalizadas que impedirían el rápido ingreso de su país en su camino al crecimiento económico. A su visión sobre el desarrollo estratégico del Brasil, que debía ser animado por la incorporación de la tecnología necesaria para engendrar un modelo ISI complejo (industrialización sustitutiva que proponía la expansión de las industrias capital intensivas y de know how) mientras duró su influencia como asesor del presidente Juscelino Kubitschek y de Janio Quadros (recordemos que Jaguaribe tuvo que exiliarse luego del Golpe de 1964) se le reconoce su influencia en las otras experiencias desarrollistas, especialmente en la Argentina de Frondizi.

La formación de este abogado se vio marcada por el sentido de orden y nacionalismo “progresista” (influencia de su padre militar) y por la búsqueda de una síntesis entre el crecimiento económico y un desarrollo inclusivo y “humano”, producto de su formación con los jesuitas y en la Universidad Católica de Río. Sin embargo, Jagauribe afirmaba que pese a esa impronta religiosa y debido al racionalismo propio de su formación ignaciana, su devenir intelectual estuvo más marcado por cierto agnosticismo que por una síntesis entre ciencia positiva y fe. El neotomismo de Maritain no estuvo ausente, así como su viraje al marxismo (primero clásico, luego trotskista) hasta desembarcar, por la sugestión neokantiana que veía en Ortega y Gasset, hacia el culturalismo alemán, donde fue seducido por Dilthey, Windelband, Cassirer y Max Weber en sus influjos sociológicos, hasta anclarse en el modelo crítico de la Escuela de Frankfurt, especialmente en las ideas de Horkheimeir. Como Frigerio y su intento de concebir un marxismo nacional, Jaguaribe pretendió dar a luz una alternativa superadora del materialismo dialéctico de Marx y del funcionalismo de Weber. Su síntesis –según él superadora- se denominaría funcionalismo dialéctico y tendría como marco hermenéutico la concepción de la sociedad como un sistema conformado por cuatro subsistemas: 1- subsistema participacional; subsistema cultural; subsistema económico y subsistema político. Cada subsistema mantendría entre sí relaciones de interacción de causalidad circular, lo que explicaría que en ciertas condiciones económico- sociales se experimentaran la supremacía de un subsistema sobre otro. Jaguaribe sostenía en sus obras que esa relación dialéctica sería clave para entender las diferencias temporales y materiales que demuestran las dificultades de algunas naciones para encaminarse al desarrollo29.

En cuanto a las categorías conceptuales propias de se visión brasilera del desarrollismo, Jaguaribe define el desarrollo (en la Primera Conclusión de sus tesis aparecidas en Desarrollo económico y desarrollo político) como un
proceso social global, y sólo por comodidad metodológica o en un sentido parcial, puede hablarse de desarrollo económico, político, cultural y social
Además sostiene que el desarrollo económico es un proceso de crecimiento de la renta real, que se caracteriza por el mejor empleo de los factores de producción, en condiciones reales de la comunidad y de las ideas de la época.30

En cuanto a la diferencia entre desarrollo y crecimiento económico, Jaguaribe que el primero se refiere al simple aumento de la riqueza o del PBI per capita, mientras que la idea del desarrollo tiene el sentido de un perfeccionamiento cualitativo de la economía a través de una mejor división social del trabajo, del empleo de una mejor tecnología y de una mejor utilización de los recursos naturales y del capital.

Igualmente, insiste en que el concepto de desarrollo contrasta con el de progreso, definido desde el siglo XVIII. Esto queda explícito cuando Jaguaribe, en su Segunda Conclusión, afirma que:

El desarrollo, como idea se diferencia y, en cierto modo se opone, a la idea iluminista del progreso. En términos conceptuales, el desarrollo es la explicitación de las potencialidades preexistentes en el proceso histórico- social. En términos reales, el proceso de desarrollo es el proceso histórico- social mismo en la medida en que se encamine hacia su creciente racionalización.31

Para fundamentar al futuro “Estado desarrollista”, Jaguaribe sostiene la tesis (en su Tercera Conclusión) que salvo en “casos estadísticamente raros e históricamente casi irrepetibles” (sic, página 24), el desarrollo no se realizó de manera espontánea, sino que supuso la intervención planificada racionalmente por el Estado. En este punto, Jaguaribe se atreve a describir tres modelos de programación económica, conformados por tres orígenes principales:


  • El socialismo, donde la planificación fue el fruto de la necesidad originada por la supresión del mercado, manifestaba en los planes quinquenales soviéticos, aplicados a partir de 1928.

  • La política anticíclica, nacida de la coyuntura crítica que supuso para el capitalismo la depresión de 1929, donde la economía de mercado –si bien podría prescindir de la planificación para fijar el valor de los productos– demandó, en el New Deal, un ente planificador para recuperar el nivel de empleo y, según plantea Jaguaribe, para “disciplinar la oferta y la demanda, la inversión y el consumo”

  • La programación del desarrollo económico para los países subdesarrollados. Dicha programación sistemática del desarrollo pos segunda guerra mundial hizo, según Jaguaribe, que “…los países subdesarrollados se dieran cuenta que –fuera cual fuere su punto de vista sobre la restante validez del liberalismo económico–esa planificación del desarrollo tenía el mérito de alcanzar, mediante el esfuerzo deliberado y racional, un resultado igual o superior al que obtendrían con la actuación espontánea del mercado en condiciones favorables al desarrollo”.32

De estos tres modelos Jaguaribe arriba, finalmente, a la Decimotercera Conclusión de su tesis sobre el desarrollo económico y político. Asumiendo las condiciones políticas que posibilitan ­–en América Latina– la programación o planificación del desarrollo, divide a los países en tres grupos, a saber:




  1. Los que disponiendo de las condiciones necesarias y suficientes para desarrollarse como Estados nacionales

poseen un grado considerable de desarrollo económico, con un producto neto anual per capita superior a los 200 dólares y tienen una burguesía empresaria dinámica y capaz; esos países pueden y deben instaurar un nacional capitalismo mediante un

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